Desde muy joven Alejandra Jaraba padece artrosis degenerativa en la cadera, pero hace 12 años comenzó a sentir mucho dolor y empezó a tener dificultades para poder caminar. Sabía que debía operarse, pero postergó la decisión durante mucho tiempo a raíz de la enfermedad de su papá. Fue cuando él falleció que tomó la determinación de operarse. Aunque no fue nada fácil.
-Me estás moviendo mal –le dijo Alejandra a una de las enfermeras 15 horas después de la intervención.
-Usted no me va a venir a decir a mí como la tengo que mover –le contestó.
Como consecuencia del brusco movimiento la enfermera le sacó de lugar la prótesis que le habían colocado. “Yo sentí que me estaban arrancando las piernas como un pollo, empecé a gritar, no me daban bolilla, decían que yo era una exagerada”, recuerda Alejandra.
Recién al día siguiente logró que le realizaran una radiografía y los cirujanos intentaron hacerle una reducción, otra vez con anestesia general. Tuvieron que volver a abrirle la zona, lo que ocasionó que en lugar de tener una recuperación de tres días, la misma se extendiera a casi un año. “Tuve que estar con una férula, con metal, con las piernas rectas, sin poder moverme, fue una recuperación muy dolorosa y muy lenta. Con la rehabilitación comencé a dejar el bastón, empecé a caminar normal, pero eso me duró apenas unos meses porque nuevamente sentí dolor en la cadera. De tanto manipular la zona me generaron una infección en la prótesis”.
Como ya no tenía obra social, una mañana fue al Hospital Fernández donde le manifestaron que debía volver a operarse para luego colocarle una prótesis espaciadora con antibióticos, con la cual no iba a poder caminar ni usar muletas. Y, además, debía permanecer internada por aproximadamente dos meses. Y después de todo ese lapso, le dijeron, debían volver a intervenirla para quitar esta prótesis y reemplazarla por una funcional.
En ese momento Alejandra comenzó a sentir una depresión que le duró muchos meses. “Aprovechaba que no podía caminar para no salir de la cama, me agarró un pozo muy importante, no sé si me quería matar, pero sí morirme, no tenía ganas de luchar, la careteaba mucho con mis hijos. Estaba todo el día en la cama en pijama y sin bañarme con el control remoto en la cama y, un rato antes de que ellos volvieran de trabajar, me cambiaba para disimular”.
Humor en medio de la pandemia
Desde agosto de 2018 que Alejandra se encontraba postrada en su cama mientras esperaba que le realizaran varias intervenciones para volver a caminar, algo que en ese momento lo veía muy, pero muy lejos.
Caracterizada por tener un humor especial y más en este tipo de situaciones, en plena pandemia subía fotos y grababa videos que compartía por Facebook e Instagram dando consejos a sus seguidores en aquellos días de aislamiento preventivo y obligatorio.
“Lo más importante es que cumplan la cuarentena. Chicos, chicas: son 14 días de estar en sus casas, una pavada. Además, ahora tienen acceso gratuito a un montón de cursos. Vos, que podés sacar tu humanidad de la cama, aprovechá y hacé cosas para las que no tenías tiempo. Ordená los cajones, cambiá los muebles de lugar, hacé gimnasia mirando un video. Y si no sos muy activo o activa, hacé un curso de algo que te interese. Terminá de ver la serie que empezaste hace seis meses, leé, hacé manualidades, meditá, investigá temas que nunca se te hubieran ocurrido. Hay miles de cosas para hacer”, decía Alejandra en una nota en La Nación el 26 de marzo de 2.000.
Palabras alentadoras
En medio de la pandemia, cuenta, se le había roto la prótesis provisoria de la cadera derecha y también se luxó la izquierda que hasta ese momento no tenía problemas. No daba más del dolor.
Entonces, con la venta de un departamento que había heredado de su mamá, sacó un turno en un sanatorio.
“Llegué en ambulancia, en camilla, no me podía trasladar de otra manera. Lloré mucho mientras le contaba al doctor todo lo que me había pasado y él dijo que iba a volver a caminar”.
Terminando la pandemia, Alejandra ya llevaba más de tres años postrada, pero, por fin, pudieron realizarle las cirugías que necesitaba.
En esta segunda etapa le realizaron cuatro intervenciones. La más importante consistió en sacarle la prótesis provisoria de la cadera derecha y colocarle una con la que pudiera caminar. En total, desde el 2015 fueron nueve cirugías. Y había estado postrada durante más de cinco años.
“Era como un bebé, pasito a pasito”
“La kinesióloga me paró por primera vez a fines de septiembre de 2023. Me encantaría decir que fue maravilloso, pero la verdad es que las piernas no me sostenían, estaba muerta de miedo, me mareé y solo estuve parada agarrada del andador los 10 segundos que tardaron en sacarme una foto para enviarle a mis hijos”.
A partir de ese momento comenzó la rehabilitación. Al principio, cuenta, sólo se paraba con la kinesióloga, pero después de reforzar la musculatura pudo empezar a dar unos pasos con el andador. “Me dolían mucho los pies y encima había engordado mucho y eso complicaba todo. Era como un bebé, pasito a pasito. Para ir a la calle tenía que caminar un pasillo bastante largo y bajar dos escalones. Cuando lo logré estaba tan cansada y orgullosa como si hubiera escalado el Aconcagua”, se emociona.
Cuando empezó a movilizarse por sus propios medios, Alejandra tomó una decisión trascendental: prescindir de las cuidadoras. “Después de casi seis años fui al baño sola, me duché, tuve hambre y me cociné, aprendí a vestirme sola, a regar las plantas”.
Emoción, orgullo y felicidad
Tras haber pasado tanto tiempo en la oscuridad, Alejandra comenzó a vivir una vida nueva, llena de esperanzas. Para ella, todo era esfuerzo y evolución.
A fines de diciembre de 2023 se animó a ir a ver una muestra de su hija con el andador. “Obviamente, lloré de la emoción. En febrero del año pasado me vino a visitar una amiga que vive en Ushuaia que no me veía parada desde hacía seis años. La fui a esperar a la esquina, nos abrazamos y lloramos en el medio de la calle”.
Otro momento inolvidable, dice, fue cuando asistió a un teatro de la avenida Corrientes con sus hijos Florencia (33) y Nicolás (30). “Cuando caminé por Corrientes con mi amigo el bastón, fui tan feliz que es indescriptible. Obviamente lloré, pero después de tantas lágrimas de dolor, ahora todas estas eran de emoción, orgullo y felicidad”.
Como no podía ser de otra manera, el humor, que siempre lo tomó como un antídoto para enfrentar esos más de cinco años que estuvo postrada, otra vez la tomó como protagonista: hace unos días subió un video en Tik Tok donde se la observaba subida a una moto por detrás del conductor. Esa publicación, en muy pocos días, tuvo más de 200.000 likes.
“Me sorprendió que chicos de 20 años dijeran que querían ser como yo cuando sean grandes. Varios pusieron que tenían un mal día y que el video se los había alegrado”.
¿En algún momento, después de tantos años postrada, te imaginabas que ibas a volver a caminar?
Casi todo el tiempo. Hasta soñaba que caminaba y el bajón venía cuando me despertaba. Yo soy muy soñadora e idealista, me negaba a pensar que no iba a caminar más. Quizás, por eso soñaba que caminaba casi todas las noches. Cuando me despertaba y estaba en el mismo lugar, me ponía a llorar. Aunque en algunos momentos tuve tanto dolor que decía que prefería no volver a caminar si eso me garantizaba no sufrir más.
¿Qué aspectos positivos rescatás en vos durante esos años tan tristes?
Varias cosas. El humor fue fundamental para sobrellevarlo. La madurez y valentía de mis hijos me asombró. Y, por fin, a los 55 años aprendí a pedir. Fue una gran enseñanza. Sigo pidiendo ayuda cuando la necesito, mis hijos están chochos.
Un mensaje para quienes están atravesando situaciones muy difíciles
Yo les diría que entiendo su tristeza, su bronca y su sufrimiento. Que intenten buscar algo que les guste y que puedan hacerlo para tener pequeños momentos de alegría. Que traten de reírse lo más posible. Pero que también lloren, griten y pidan ayuda cuando están mal. No hay que victimizarse, pero tampoco ocultar lo mal que se está.
Desde muy joven Alejandra Jaraba padece artrosis degenerativa en la cadera, pero hace 12 años comenzó a sentir mucho dolor y empezó a tener dificultades para poder caminar. Sabía que debía operarse, pero postergó la decisión durante mucho tiempo a raíz de la enfermedad de su papá. Fue cuando él falleció que tomó la determinación de operarse. Aunque no fue nada fácil.
-Me estás moviendo mal –le dijo Alejandra a una de las enfermeras 15 horas después de la intervención.
-Usted no me va a venir a decir a mí como la tengo que mover –le contestó.
Como consecuencia del brusco movimiento la enfermera le sacó de lugar la prótesis que le habían colocado. “Yo sentí que me estaban arrancando las piernas como un pollo, empecé a gritar, no me daban bolilla, decían que yo era una exagerada”, recuerda Alejandra.
Recién al día siguiente logró que le realizaran una radiografía y los cirujanos intentaron hacerle una reducción, otra vez con anestesia general. Tuvieron que volver a abrirle la zona, lo que ocasionó que en lugar de tener una recuperación de tres días, la misma se extendiera a casi un año. “Tuve que estar con una férula, con metal, con las piernas rectas, sin poder moverme, fue una recuperación muy dolorosa y muy lenta. Con la rehabilitación comencé a dejar el bastón, empecé a caminar normal, pero eso me duró apenas unos meses porque nuevamente sentí dolor en la cadera. De tanto manipular la zona me generaron una infección en la prótesis”.
Como ya no tenía obra social, una mañana fue al Hospital Fernández donde le manifestaron que debía volver a operarse para luego colocarle una prótesis espaciadora con antibióticos, con la cual no iba a poder caminar ni usar muletas. Y, además, debía permanecer internada por aproximadamente dos meses. Y después de todo ese lapso, le dijeron, debían volver a intervenirla para quitar esta prótesis y reemplazarla por una funcional.
En ese momento Alejandra comenzó a sentir una depresión que le duró muchos meses. “Aprovechaba que no podía caminar para no salir de la cama, me agarró un pozo muy importante, no sé si me quería matar, pero sí morirme, no tenía ganas de luchar, la careteaba mucho con mis hijos. Estaba todo el día en la cama en pijama y sin bañarme con el control remoto en la cama y, un rato antes de que ellos volvieran de trabajar, me cambiaba para disimular”.
Humor en medio de la pandemia
Desde agosto de 2018 que Alejandra se encontraba postrada en su cama mientras esperaba que le realizaran varias intervenciones para volver a caminar, algo que en ese momento lo veía muy, pero muy lejos.
Caracterizada por tener un humor especial y más en este tipo de situaciones, en plena pandemia subía fotos y grababa videos que compartía por Facebook e Instagram dando consejos a sus seguidores en aquellos días de aislamiento preventivo y obligatorio.
“Lo más importante es que cumplan la cuarentena. Chicos, chicas: son 14 días de estar en sus casas, una pavada. Además, ahora tienen acceso gratuito a un montón de cursos. Vos, que podés sacar tu humanidad de la cama, aprovechá y hacé cosas para las que no tenías tiempo. Ordená los cajones, cambiá los muebles de lugar, hacé gimnasia mirando un video. Y si no sos muy activo o activa, hacé un curso de algo que te interese. Terminá de ver la serie que empezaste hace seis meses, leé, hacé manualidades, meditá, investigá temas que nunca se te hubieran ocurrido. Hay miles de cosas para hacer”, decía Alejandra en una nota en La Nación el 26 de marzo de 2.000.
Palabras alentadoras
En medio de la pandemia, cuenta, se le había roto la prótesis provisoria de la cadera derecha y también se luxó la izquierda que hasta ese momento no tenía problemas. No daba más del dolor.
Entonces, con la venta de un departamento que había heredado de su mamá, sacó un turno en un sanatorio.
“Llegué en ambulancia, en camilla, no me podía trasladar de otra manera. Lloré mucho mientras le contaba al doctor todo lo que me había pasado y él dijo que iba a volver a caminar”.
Terminando la pandemia, Alejandra ya llevaba más de tres años postrada, pero, por fin, pudieron realizarle las cirugías que necesitaba.
En esta segunda etapa le realizaron cuatro intervenciones. La más importante consistió en sacarle la prótesis provisoria de la cadera derecha y colocarle una con la que pudiera caminar. En total, desde el 2015 fueron nueve cirugías. Y había estado postrada durante más de cinco años.
“Era como un bebé, pasito a pasito”
“La kinesióloga me paró por primera vez a fines de septiembre de 2023. Me encantaría decir que fue maravilloso, pero la verdad es que las piernas no me sostenían, estaba muerta de miedo, me mareé y solo estuve parada agarrada del andador los 10 segundos que tardaron en sacarme una foto para enviarle a mis hijos”.
A partir de ese momento comenzó la rehabilitación. Al principio, cuenta, sólo se paraba con la kinesióloga, pero después de reforzar la musculatura pudo empezar a dar unos pasos con el andador. “Me dolían mucho los pies y encima había engordado mucho y eso complicaba todo. Era como un bebé, pasito a pasito. Para ir a la calle tenía que caminar un pasillo bastante largo y bajar dos escalones. Cuando lo logré estaba tan cansada y orgullosa como si hubiera escalado el Aconcagua”, se emociona.
Cuando empezó a movilizarse por sus propios medios, Alejandra tomó una decisión trascendental: prescindir de las cuidadoras. “Después de casi seis años fui al baño sola, me duché, tuve hambre y me cociné, aprendí a vestirme sola, a regar las plantas”.
Emoción, orgullo y felicidad
Tras haber pasado tanto tiempo en la oscuridad, Alejandra comenzó a vivir una vida nueva, llena de esperanzas. Para ella, todo era esfuerzo y evolución.
A fines de diciembre de 2023 se animó a ir a ver una muestra de su hija con el andador. “Obviamente, lloré de la emoción. En febrero del año pasado me vino a visitar una amiga que vive en Ushuaia que no me veía parada desde hacía seis años. La fui a esperar a la esquina, nos abrazamos y lloramos en el medio de la calle”.
Otro momento inolvidable, dice, fue cuando asistió a un teatro de la avenida Corrientes con sus hijos Florencia (33) y Nicolás (30). “Cuando caminé por Corrientes con mi amigo el bastón, fui tan feliz que es indescriptible. Obviamente lloré, pero después de tantas lágrimas de dolor, ahora todas estas eran de emoción, orgullo y felicidad”.
Como no podía ser de otra manera, el humor, que siempre lo tomó como un antídoto para enfrentar esos más de cinco años que estuvo postrada, otra vez la tomó como protagonista: hace unos días subió un video en Tik Tok donde se la observaba subida a una moto por detrás del conductor. Esa publicación, en muy pocos días, tuvo más de 200.000 likes.
“Me sorprendió que chicos de 20 años dijeran que querían ser como yo cuando sean grandes. Varios pusieron que tenían un mal día y que el video se los había alegrado”.
¿En algún momento, después de tantos años postrada, te imaginabas que ibas a volver a caminar?
Casi todo el tiempo. Hasta soñaba que caminaba y el bajón venía cuando me despertaba. Yo soy muy soñadora e idealista, me negaba a pensar que no iba a caminar más. Quizás, por eso soñaba que caminaba casi todas las noches. Cuando me despertaba y estaba en el mismo lugar, me ponía a llorar. Aunque en algunos momentos tuve tanto dolor que decía que prefería no volver a caminar si eso me garantizaba no sufrir más.
¿Qué aspectos positivos rescatás en vos durante esos años tan tristes?
Varias cosas. El humor fue fundamental para sobrellevarlo. La madurez y valentía de mis hijos me asombró. Y, por fin, a los 55 años aprendí a pedir. Fue una gran enseñanza. Sigo pidiendo ayuda cuando la necesito, mis hijos están chochos.
Un mensaje para quienes están atravesando situaciones muy difíciles
Yo les diría que entiendo su tristeza, su bronca y su sufrimiento. Que intenten buscar algo que les guste y que puedan hacerlo para tener pequeños momentos de alegría. Que traten de reírse lo más posible. Pero que también lloren, griten y pidan ayuda cuando están mal. No hay que victimizarse, pero tampoco ocultar lo mal que se está.
Alejandra pasó por etapas de depresión y si bien nunca perdió las esperanzas de poder bajarse de su cama, en algunos momentos tuvo tanto dolor que prefería no volver a caminar si eso le garantizaba no sufrir más Read More