Una mujer se sienta en una cafetería a disfrutar de su dosis matutina de cafeína. Un joven intenta sacarle charla con el objetivo de seducirla. Ella le menciona a Jack Kerouac, y luego le muestra indiferencia. El mismo joven habla luego con otra mujer que aparece en escena, pero tampoco logra interesarla. Resulta que las dos se conocen, y una de ellas le dice al muchacho que son madre e hija, y él no puede evitar la sorpresa. En esa escena inicial está el espíritu de Gilmore Girls, que bien puede abreviarse en café, referencias culturales y un afiladísimo diálogo que desdramatiza con humor las relaciones afectivas más complejas. Y bajo esa fórmula, esta serie se convirtió en uno de los clásicos de la televisión modelo siglo XXI.
Un pueblo perfecto
Después de varios años de trabajar en distintas sitcoms, la guionista Amy Sherman-Palladino comenzaba a darle forma a un proyecto propio. Se trataba de la historia de Lorelai, una mujer de 32 años, su vínculo con su hija Rory, de 16, y con su propia madre, Emily, de muy buena posición pero con la que no dejaba de chocar. Era la saga de tres generaciones de mujeres, de personalidades muy opuestas, pero a las que unía una notable tenacidad. El telón de fondo de ese relato se poblaba con infinidad de personajes secundarios encantadores entre los que no había villanos, sino las agridulces experiencias diarias de crecer y darse la cabeza contra la pared una y mil veces, sin importar la edad.
Mientras escribía su ficción, Sherman-Palladino realiza un viaje en el que pasa una noche en un pueblito de Connecticut, que termina por ordenar sus ideas. “Si logro que la gente sienta eso mismo que yo sentí caminando por ese lugar de ensueño, pienso que sería maravilloso” reconoció la escritora cuando ideó Stars Hollow, ese hermoso pueblo en el que transcurre la historia de las chicas Gilmore, y que forma parte del ADN de la serie.
Luego de numerosas reuniones con la cúpula del canal WB, Sherman-Palladino obtuvo luz verde para comenzar las grabaciones. La primera persona a la que ella convocó, fue a su mejor amiga de la infancia, la productora televisiva Helen Pai (que dicho sea de paso, sirvió de modelo para el personaje de Lane Kim, la mejor amiga de Rory). Para el elenco, la guionista necesitaba actrices que tuvieran una energía muy marcada, y que fueran capaces de pronunciar aquello que parecía impronunciable, esos diálogos veloces con los que Sherman-Palladino homenajeaba el estilo de las comedias de Cary Grant y Rosalind Russell (las famosas screwball comedies).
Sherman-Palladino quería a Sherilyn Fenn para el rol de Lorelai, pero la actriz de Twin Peaks tenía otros compromisos laborales (más adelante, ella sí pudo actuar y por partida doble, en temporadas posteriores de Gilmore Girls). De ese modo apareció Lauren Graham, una intérprete que le dio a Lorelai el encanto que el personaje exigía. La joven Alexis Bledel fue la afortunada que obtuvo el papel de Rory, en el que fue prácticamente su primer trabajo profesional. Otra candidata a Rory fue Liza Weil, y aunque su audición no convenció para componer a ese personaje, a Sherman-Palladino le gustó tanto su desempeño que escribió para ella a la gran Paris Geller.
Kelly Bishop, de gran trayectoria en televisión, se convirtió en la matriarca del clan, Emily Gilmore, mientras que la producción no encontraba a la mujer que pudiera personificar a la dueña del bar de Stars Hollow. En ese momento, la guionista pensó que quizá era mejor agregar alguna figura masculina, y así nació Luke Danes. Interpretado por Scott Patterson, Luke iba a ser un personaje casi de fondo, pero la gran química entre Patterson y Graham llevó a Sherman-Palladino a escribir con ellos la gran historia de amor de la serie.
Recrear Stars Hollow
El proceso de grabar una serie como Gilmore Girls no era nada sencillo. Las dificultades no estaban en cuestiones de producción, sino más bien en los ajustados tiempos que requerían guiones tan extensos. Porque la marca de agua de Sherman-Palladino tenía que ver con libretos mucho más largos que los de cualquier otro drama. Los personajes de esta ficción tenían textos marcadamente extensos, y el guion de cada episodio promediaba las ochenta páginas (cuando, por lo general, en otras series no superaban las 45).
La velocidad de los diálogos llevó incluso a que Lauren Graham y Scott Patterson dejaran de fumar, para mejorar su capacidad pulmonar y poder así hablar durante una mayor cantidad de segundos sin necesitar de detenerse a tomar aire. De más está decir que en las grabaciones no había ningún tipo de improvisación debido a la precisión de los libretos, y que los intérpretes necesitaron un coach de diálogo para regular las velocidades indicadas al momento de hablar.
En el elenco nació un espíritu de compañerismo muy afín al mundo de Stars Hollow. Todos los actores y actrices se convirtieron en una gran familia, y aprendieron a convivir durante esas prolongadas horas de grabación. Lauren Graham en más de una oportunidad confesó que grabar las cenas de los viernes por la noche eran su momento favorito del trabajo. Las reuniones de todo el pueblo, otra postal muy habitual de la serie, exigía jornadas de doce horas de filmación, otra instancia en la que el elenco se ponía al día con charlas y chimentos. Pero quienes más tiempo pasaban juntas, desde luego, eran Graham y Bledel, madre e hija en la ficción.
Entre ellas surgió una relación de mucha complicidad, y debido a que era la primera experiencia importante para Alexis, Lauren la ayudó a aprender a trabajar en un set. Uno de los problemas usuales de Bledel en la primera temporada era que nunca sabía cuál era su posición o hacia qué dirección debía mirar. “Recuerdo que una vez le dije a Lauren que amaba la ternura con la que ella siempre abrazaba o tocaba a Alexis, pero luego me respondió que en realidad hacía eso porque de esa manera le indicaba en dónde debía pararse”, reveló Kelly Bishop en una entrevista.
El adiós de la creadora
A lo largo de seis temporadas, emitidas entre 2000 y 2005, Gilmore Girls se consolidó como una de las series más vistas en los Estados Unidos y otras regiones del mundo (en América Latina, por ejemplo, siempre gozó de enorme popularidad). La relación entre hija, madre y abuela, nunca dejó de ser el motor de una ficción en la que había amores y desamores, situaciones de gran emotividad pero también dramatismo, sin necesidad de caer en golpes bajos y siempre haciendo del humor una firma. Sherman-Palladino logró darle una impronta única a esta serie, basándose en el estilo de las mencionadas screwball comedies, pero sumándole la irreverencia de Dorothy Parker, y una catarata de referencias pop que iban de Spinal Tap a The Velvet Underground. Sin embargo, al finalizar el sexto año, se produjo un divorcio inesperado.
Por motivos que no trascendieron, la creadora de Gilmore Girls renunció al show y el canal, lejos de cancelar todo, decidió avanzar con una séptima y última temporada. La sospecha alrededor de esa sorpresiva decisión, más allá de cuestiones económicas, fue que los directivos de la señal no autorizaron el final que Sherman-Palladino quería darle a su relato.
Frente a ese panorama, Lauren Graham se convirtió en productora y cabeza creativa de la ficción. “Cuando quien creó una serie se va, los actores se convierten en los que llevan más tiempo involucrados con el show. Y yo estaba muy comprometida con el lugar hacia donde estaba yendo la historia, y vi que tenía un rol mucho más activo. Entonces sentí que mi nuevo rol estaba justificado”, explicó.
El 15 de mayo de 2007 y en su episodio número 153, Gilmore Girls se despidió de la televisión, con un cierre que dividió aguas y que aún hoy provoca discusiones entre los fans.
Una vuelta agridulce
Los años pasaban y, en numerosas entrevistas, Sherman-Palladino expresaba la frustración que le significaba no haberle dado a Gilmore Girls el final que había soñado (del que solo dijo que consistía en cuatro palabras pronunciadas por Rory). Por ese motivo fue que la alegría resultó mayúscula cuando, en 2016, Netflix estrenó cuatro episodios de larga duración, que servían como epílogo a la serie.
Gilmore Girls: un nuevo año es un grupo de especiales que revelan qué sucedió con estos entrañables personajes, devolviéndole a los televidentes muchos de los rituales más emblemáticos de esa ficción. Las reuniones del pueblo, los festivales extravagantes, el amor de Rory por el café (tazas que en realidad contenían gaseosa, porque Alexis Bledel no consume cafeína) y otras tantas situaciones y personajes regresaban una última vez.
Sin embargo, los cuatro episodios dejaron en un sector del público un sabor algo amargo. Sí, era enormemente emotivo reencontrarse con Lorelai y Rory, pero el destino de ellas era desangelado y contrastaba con el tono amable de la serie original. Quizá Emily, ahora viuda, era la única que lograba un camino más revelador, al decidir intempestivamente cambiar por completo su estilo de vida, mientras que su hija y su nieta parecían atoradas en decisiones que no terminaban de ejecutar. Aunque era innegable que muchos celebraban volver a ver a Jess (Milo Ventimiglia), Dean (Jared Padalecki), el gran Kirk (Sean Gunn) y hasta al exasperante pero querible Taylor Doose (Michael Winters).
Un nuevo año era disfrutable porque era una reunión de amigos que nos habían acompañado durante muchas temporadas y a los que habíamos extrañado. Y aunque al día de hoy el público pide algo más de Gilmore Girls, ese cierre apático en el que finalmente Rory pronuncia las tan esperadas cuatro palabras, terminó por abrir una puerta que, lamentablemente, quizá nunca se descubra qué esconde detrás.
Una mujer se sienta en una cafetería a disfrutar de su dosis matutina de cafeína. Un joven intenta sacarle charla con el objetivo de seducirla. Ella le menciona a Jack Kerouac, y luego le muestra indiferencia. El mismo joven habla luego con otra mujer que aparece en escena, pero tampoco logra interesarla. Resulta que las dos se conocen, y una de ellas le dice al muchacho que son madre e hija, y él no puede evitar la sorpresa. En esa escena inicial está el espíritu de Gilmore Girls, que bien puede abreviarse en café, referencias culturales y un afiladísimo diálogo que desdramatiza con humor las relaciones afectivas más complejas. Y bajo esa fórmula, esta serie se convirtió en uno de los clásicos de la televisión modelo siglo XXI.
Un pueblo perfecto
Después de varios años de trabajar en distintas sitcoms, la guionista Amy Sherman-Palladino comenzaba a darle forma a un proyecto propio. Se trataba de la historia de Lorelai, una mujer de 32 años, su vínculo con su hija Rory, de 16, y con su propia madre, Emily, de muy buena posición pero con la que no dejaba de chocar. Era la saga de tres generaciones de mujeres, de personalidades muy opuestas, pero a las que unía una notable tenacidad. El telón de fondo de ese relato se poblaba con infinidad de personajes secundarios encantadores entre los que no había villanos, sino las agridulces experiencias diarias de crecer y darse la cabeza contra la pared una y mil veces, sin importar la edad.
Mientras escribía su ficción, Sherman-Palladino realiza un viaje en el que pasa una noche en un pueblito de Connecticut, que termina por ordenar sus ideas. “Si logro que la gente sienta eso mismo que yo sentí caminando por ese lugar de ensueño, pienso que sería maravilloso” reconoció la escritora cuando ideó Stars Hollow, ese hermoso pueblo en el que transcurre la historia de las chicas Gilmore, y que forma parte del ADN de la serie.
Luego de numerosas reuniones con la cúpula del canal WB, Sherman-Palladino obtuvo luz verde para comenzar las grabaciones. La primera persona a la que ella convocó, fue a su mejor amiga de la infancia, la productora televisiva Helen Pai (que dicho sea de paso, sirvió de modelo para el personaje de Lane Kim, la mejor amiga de Rory). Para el elenco, la guionista necesitaba actrices que tuvieran una energía muy marcada, y que fueran capaces de pronunciar aquello que parecía impronunciable, esos diálogos veloces con los que Sherman-Palladino homenajeaba el estilo de las comedias de Cary Grant y Rosalind Russell (las famosas screwball comedies).
Sherman-Palladino quería a Sherilyn Fenn para el rol de Lorelai, pero la actriz de Twin Peaks tenía otros compromisos laborales (más adelante, ella sí pudo actuar y por partida doble, en temporadas posteriores de Gilmore Girls). De ese modo apareció Lauren Graham, una intérprete que le dio a Lorelai el encanto que el personaje exigía. La joven Alexis Bledel fue la afortunada que obtuvo el papel de Rory, en el que fue prácticamente su primer trabajo profesional. Otra candidata a Rory fue Liza Weil, y aunque su audición no convenció para componer a ese personaje, a Sherman-Palladino le gustó tanto su desempeño que escribió para ella a la gran Paris Geller.
Kelly Bishop, de gran trayectoria en televisión, se convirtió en la matriarca del clan, Emily Gilmore, mientras que la producción no encontraba a la mujer que pudiera personificar a la dueña del bar de Stars Hollow. En ese momento, la guionista pensó que quizá era mejor agregar alguna figura masculina, y así nació Luke Danes. Interpretado por Scott Patterson, Luke iba a ser un personaje casi de fondo, pero la gran química entre Patterson y Graham llevó a Sherman-Palladino a escribir con ellos la gran historia de amor de la serie.
Recrear Stars Hollow
El proceso de grabar una serie como Gilmore Girls no era nada sencillo. Las dificultades no estaban en cuestiones de producción, sino más bien en los ajustados tiempos que requerían guiones tan extensos. Porque la marca de agua de Sherman-Palladino tenía que ver con libretos mucho más largos que los de cualquier otro drama. Los personajes de esta ficción tenían textos marcadamente extensos, y el guion de cada episodio promediaba las ochenta páginas (cuando, por lo general, en otras series no superaban las 45).
La velocidad de los diálogos llevó incluso a que Lauren Graham y Scott Patterson dejaran de fumar, para mejorar su capacidad pulmonar y poder así hablar durante una mayor cantidad de segundos sin necesitar de detenerse a tomar aire. De más está decir que en las grabaciones no había ningún tipo de improvisación debido a la precisión de los libretos, y que los intérpretes necesitaron un coach de diálogo para regular las velocidades indicadas al momento de hablar.
En el elenco nació un espíritu de compañerismo muy afín al mundo de Stars Hollow. Todos los actores y actrices se convirtieron en una gran familia, y aprendieron a convivir durante esas prolongadas horas de grabación. Lauren Graham en más de una oportunidad confesó que grabar las cenas de los viernes por la noche eran su momento favorito del trabajo. Las reuniones de todo el pueblo, otra postal muy habitual de la serie, exigía jornadas de doce horas de filmación, otra instancia en la que el elenco se ponía al día con charlas y chimentos. Pero quienes más tiempo pasaban juntas, desde luego, eran Graham y Bledel, madre e hija en la ficción.
Entre ellas surgió una relación de mucha complicidad, y debido a que era la primera experiencia importante para Alexis, Lauren la ayudó a aprender a trabajar en un set. Uno de los problemas usuales de Bledel en la primera temporada era que nunca sabía cuál era su posición o hacia qué dirección debía mirar. “Recuerdo que una vez le dije a Lauren que amaba la ternura con la que ella siempre abrazaba o tocaba a Alexis, pero luego me respondió que en realidad hacía eso porque de esa manera le indicaba en dónde debía pararse”, reveló Kelly Bishop en una entrevista.
El adiós de la creadora
A lo largo de seis temporadas, emitidas entre 2000 y 2005, Gilmore Girls se consolidó como una de las series más vistas en los Estados Unidos y otras regiones del mundo (en América Latina, por ejemplo, siempre gozó de enorme popularidad). La relación entre hija, madre y abuela, nunca dejó de ser el motor de una ficción en la que había amores y desamores, situaciones de gran emotividad pero también dramatismo, sin necesidad de caer en golpes bajos y siempre haciendo del humor una firma. Sherman-Palladino logró darle una impronta única a esta serie, basándose en el estilo de las mencionadas screwball comedies, pero sumándole la irreverencia de Dorothy Parker, y una catarata de referencias pop que iban de Spinal Tap a The Velvet Underground. Sin embargo, al finalizar el sexto año, se produjo un divorcio inesperado.
Por motivos que no trascendieron, la creadora de Gilmore Girls renunció al show y el canal, lejos de cancelar todo, decidió avanzar con una séptima y última temporada. La sospecha alrededor de esa sorpresiva decisión, más allá de cuestiones económicas, fue que los directivos de la señal no autorizaron el final que Sherman-Palladino quería darle a su relato.
Frente a ese panorama, Lauren Graham se convirtió en productora y cabeza creativa de la ficción. “Cuando quien creó una serie se va, los actores se convierten en los que llevan más tiempo involucrados con el show. Y yo estaba muy comprometida con el lugar hacia donde estaba yendo la historia, y vi que tenía un rol mucho más activo. Entonces sentí que mi nuevo rol estaba justificado”, explicó.
El 15 de mayo de 2007 y en su episodio número 153, Gilmore Girls se despidió de la televisión, con un cierre que dividió aguas y que aún hoy provoca discusiones entre los fans.
Una vuelta agridulce
Los años pasaban y, en numerosas entrevistas, Sherman-Palladino expresaba la frustración que le significaba no haberle dado a Gilmore Girls el final que había soñado (del que solo dijo que consistía en cuatro palabras pronunciadas por Rory). Por ese motivo fue que la alegría resultó mayúscula cuando, en 2016, Netflix estrenó cuatro episodios de larga duración, que servían como epílogo a la serie.
Gilmore Girls: un nuevo año es un grupo de especiales que revelan qué sucedió con estos entrañables personajes, devolviéndole a los televidentes muchos de los rituales más emblemáticos de esa ficción. Las reuniones del pueblo, los festivales extravagantes, el amor de Rory por el café (tazas que en realidad contenían gaseosa, porque Alexis Bledel no consume cafeína) y otras tantas situaciones y personajes regresaban una última vez.
Sin embargo, los cuatro episodios dejaron en un sector del público un sabor algo amargo. Sí, era enormemente emotivo reencontrarse con Lorelai y Rory, pero el destino de ellas era desangelado y contrastaba con el tono amable de la serie original. Quizá Emily, ahora viuda, era la única que lograba un camino más revelador, al decidir intempestivamente cambiar por completo su estilo de vida, mientras que su hija y su nieta parecían atoradas en decisiones que no terminaban de ejecutar. Aunque era innegable que muchos celebraban volver a ver a Jess (Milo Ventimiglia), Dean (Jared Padalecki), el gran Kirk (Sean Gunn) y hasta al exasperante pero querible Taylor Doose (Michael Winters).
Un nuevo año era disfrutable porque era una reunión de amigos que nos habían acompañado durante muchas temporadas y a los que habíamos extrañado. Y aunque al día de hoy el público pide algo más de Gilmore Girls, ese cierre apático en el que finalmente Rory pronuncia las tan esperadas cuatro palabras, terminó por abrir una puerta que, lamentablemente, quizá nunca se descubra qué esconde detrás.
La comedia dramática sobre tres generaciones de mujeres de una misma familia es una de las sagas más queridas por el público televisivo Read More