La Argentina tiene posibilidades de ser uno de los mayores productores de trufas negras del mundo. Lo dice el francés Lionel Masbou, quien asesora unas 1500 hectáreas del cultivo en el planeta, entre ellas las de unos 30 productores en el país. La demanda internacional es alta, explica, y el país podría exportar más, “de jugar en las grandes ligas porque tiene condiciones”. En 2024 el precio de venta al mundo fue de US$500 el kilo. Para algunos se trata de un “diamante negro” por su valor.
Masbou está en la Argentina y el próximo viernes continuará con una serie de charlas gratuitas que viene realizando sobre el mundo de la “truficultura” en el parador La Mora (Las Astillas, Jesús María, Córdoba). Su familia, en el sur de Francia, se dedicó siempre al cultivo de trufas negras: “Ya a los 10 años mi abuelo me empezó a enseñar; es que se perdía la tradición y quedaban solo los viejos. Con el paso de los años combiné mis tareas de rescatista en el Mont Blanc con las trufas, con un desarrollo de técnicas que dieron muy buen resultado”.
“La ventana es clave”: un fenómeno será de gran ayuda en los próximos días tras las últimas lluvias
En diálogo con LA NACION comenta que como la producción iba “en alza” comenzó a recibir consultas. “Muchos empezaron a preguntarme y así comencé mi tarea como asesorar en Chile, Australia, en Europa y también en la Argentina”, sintetiza. En el país comenzó con La Esperanza, un campo cerca de Azul (Buenos Aires) que, a los tres años, registra un rinde de 85 kilos por hectárea. El experto precisa que, para árboles de una década, es “muy buen nivel; los números se han conseguido de una manera muy rápida”.
Masbou plantea que la técnica que se empleaba en la Argentina era “arcaica” y que por eso entendió que era preciso empezar a expandir la que utiliza. Asesora y vende plantines a unos 30 productores, “la mayoría de los que hacen el cultivo en el país”, además de dar capacitaciones gratuitas en diferentes provincias. “En esas charlas nos explayamos de A a la Z sobre las trufas negras”, grafica. Cada año, en enero, organiza un viaje a sus producciones en Francia con interesados argentinos.
Según su análisis, la Argentina tiene “muchos lugares” para poder producir trufas. Detalla que el cultivo “rechaza las tierras pesadas, las muy arcillosas. No le gustan las con demasiada arena porque no hay materia orgánica”. En materia de lluvias, requiere un promedio de entre 700 y 1000 milímetros por año. En zonas de Río Negro, Mendoza y Córdoba donde no se alcanzan esos niveles, usan riego automatizado.
Indica que el primer productor de trufa negra del mundo es España con 100 toneladas anuales, aunque ahora enfrenta un problema de insectos que las atacan; le siguen Italia y Francia con unas 35 toneladas por año y, después, Australia, Chile, Estados Unidos y África del Sur. El rendimiento medio por hectárea es de unos 60 kilos; “una buena cosecha es de 100 kilos”, dice.
Masbou subraya que no se deben crear “falsas expectativas” con los precios. El valor medio de exportación en 2024 fue US$500 el kilo, mientras que en el mercado interno argentino rondó los US$1000. “Hay mercado. En el mundo falta trufa, a tal punto que se hacen con derivados de mala calidad. La Argentina puede desarrollar bien el cultivo; en nuestro caso hacemos siempre estudios de factibilidad; si el resultado no es positivo el productor no paga el asesoramiento”.
La técnica
Las trufas negras son el resultado de un hongo que se inocula en plantines de diversas especies de árboles y, a través de un proceso de simbiosis, crecen en las raíces de esas plantas. Se necesitan no menos de cinco años para obtener los primeros cultivos. La técnica de Masbou se basa en “trabajar el suelo los primeros años con la espora; lleva entre tres años medio y cuatro lograr las trufas”.
Apunta que un campo en El Bolsón es el único del país donde se hace trufa de verano; la de otoño se hace en esa localidad patagónica y en dos de Tucumán. La cosecha de las de invierno son las más extendidas porque permiten proveer cuando no hay en Europa.
En Italia, en Umbria, la trufa es un producto que genera actividad económica directamente relacionada con su producción, pero también en turismo y gastronomía, además de colaborar en el sostenimiento de pequeños pueblos. La familia de Doriana Filosi Moretti y su hijo Walter Moretti están vinculados con la actividad que, ella comenzó con su esposo en 1989 en Fabro (entre la Toscana y la Umbria), una de los 50 lugares de Italia donde la trufa es clave.
Indica que desde 1940 y 1950 se produce en la zona. “Económicamente, con la recolección y venta ha permitido a muchas familias mejorar su nivel de vida. La trufa se caracteriza por su olor, aroma y rareza. Cada temporada tiene una trufa diferente, de enero a mediados de abril está el ‘bianchetto’ o marzuolo que tiene un sabor ligeramente a ajo. Luego, desde junio hasta finales de agosto, la negra de verano ‘scorzone’, quizás la menos apreciada, pero es muy buena y la más barata”, indica. De octubre a diciembre está disponible la “preciosa trufa blanca”, es la “más rara de encontrar, la más aromática y la más cara”, detalla y agrega que en Umbría es la “más buscada”. En su empresa venden el tartufo fresco y también lo transforman “sin añadir químicos”.
Casos
En Córdoba, Gonzalo Renna, asesor agrónomo (trabaja con unas cinco empresas que hacen soja, maíz, trigo, garbanzo y alfalfa) y productor agropecuario, hace un año que trabaja con Masbeau: “Dos de mis clientes decidieron comenzar con una plantación de robles micorrizados, inoculados con un hongo en sus raíces, llamado melanosporun, buscando diversificar la producción con un proyecto que tuviera alta rentabilidad”.
Sostiene que tuvieron que adecuar el terreno, hacer un estudio de prefactibilidad para conocer los requerimientos de esos hongos subterráneos que crecen debajo del suelo en una relación simbiotica con las raíces de una especie de robles (quercus ilex) denominado encina. “Ese hongo requiere un ph del suelo alcalino, por lo tanto tuvimos que levantar el pH de suelo utilizando carbonato de calcio; también descompactamos el suelo con un subsolador para poder contar con un ambiente propicio para el crecimiento de los robles y de las trufas que se desarrollan en los primeros 50 centímetros de suelo”.
En uno de los dos proyectos instalaron un equipo de riego por goteo por si no alcanzan las lluvias. “Los plantines requieren mucho cuidado los primeros años hasta que se logran instalar -añade-. Realizamos trabajos de deamalezamiento, riegos y control de hormigas para que los árboles crezcan sin competencia. También importamos una máquina italiana para descompactar los primeros 20 centímetros de las truferas para crear un ambiente propicio. Es un trabajo de mucha paciencia ya que las primeras trufas crecerán recién al quinto año; la recompensa es alta, porque dependiendo de su tamaño y forma toman valores de entre 700 y 1200 euros el kilo”. Para la cosecha se utilizan perros adiestrados que reconocen la ubicación de las trufas y “muy cuidadosamente” las desentierran con una pala especialmente diseñada.
La Argentina tiene posibilidades de ser uno de los mayores productores de trufas negras del mundo. Lo dice el francés Lionel Masbou, quien asesora unas 1500 hectáreas del cultivo en el planeta, entre ellas las de unos 30 productores en el país. La demanda internacional es alta, explica, y el país podría exportar más, “de jugar en las grandes ligas porque tiene condiciones”. En 2024 el precio de venta al mundo fue de US$500 el kilo. Para algunos se trata de un “diamante negro” por su valor.
Masbou está en la Argentina y el próximo viernes continuará con una serie de charlas gratuitas que viene realizando sobre el mundo de la “truficultura” en el parador La Mora (Las Astillas, Jesús María, Córdoba). Su familia, en el sur de Francia, se dedicó siempre al cultivo de trufas negras: “Ya a los 10 años mi abuelo me empezó a enseñar; es que se perdía la tradición y quedaban solo los viejos. Con el paso de los años combiné mis tareas de rescatista en el Mont Blanc con las trufas, con un desarrollo de técnicas que dieron muy buen resultado”.
“La ventana es clave”: un fenómeno será de gran ayuda en los próximos días tras las últimas lluvias
En diálogo con LA NACION comenta que como la producción iba “en alza” comenzó a recibir consultas. “Muchos empezaron a preguntarme y así comencé mi tarea como asesorar en Chile, Australia, en Europa y también en la Argentina”, sintetiza. En el país comenzó con La Esperanza, un campo cerca de Azul (Buenos Aires) que, a los tres años, registra un rinde de 85 kilos por hectárea. El experto precisa que, para árboles de una década, es “muy buen nivel; los números se han conseguido de una manera muy rápida”.
Masbou plantea que la técnica que se empleaba en la Argentina era “arcaica” y que por eso entendió que era preciso empezar a expandir la que utiliza. Asesora y vende plantines a unos 30 productores, “la mayoría de los que hacen el cultivo en el país”, además de dar capacitaciones gratuitas en diferentes provincias. “En esas charlas nos explayamos de A a la Z sobre las trufas negras”, grafica. Cada año, en enero, organiza un viaje a sus producciones en Francia con interesados argentinos.
Según su análisis, la Argentina tiene “muchos lugares” para poder producir trufas. Detalla que el cultivo “rechaza las tierras pesadas, las muy arcillosas. No le gustan las con demasiada arena porque no hay materia orgánica”. En materia de lluvias, requiere un promedio de entre 700 y 1000 milímetros por año. En zonas de Río Negro, Mendoza y Córdoba donde no se alcanzan esos niveles, usan riego automatizado.
Indica que el primer productor de trufa negra del mundo es España con 100 toneladas anuales, aunque ahora enfrenta un problema de insectos que las atacan; le siguen Italia y Francia con unas 35 toneladas por año y, después, Australia, Chile, Estados Unidos y África del Sur. El rendimiento medio por hectárea es de unos 60 kilos; “una buena cosecha es de 100 kilos”, dice.
Masbou subraya que no se deben crear “falsas expectativas” con los precios. El valor medio de exportación en 2024 fue US$500 el kilo, mientras que en el mercado interno argentino rondó los US$1000. “Hay mercado. En el mundo falta trufa, a tal punto que se hacen con derivados de mala calidad. La Argentina puede desarrollar bien el cultivo; en nuestro caso hacemos siempre estudios de factibilidad; si el resultado no es positivo el productor no paga el asesoramiento”.
La técnica
Las trufas negras son el resultado de un hongo que se inocula en plantines de diversas especies de árboles y, a través de un proceso de simbiosis, crecen en las raíces de esas plantas. Se necesitan no menos de cinco años para obtener los primeros cultivos. La técnica de Masbou se basa en “trabajar el suelo los primeros años con la espora; lleva entre tres años medio y cuatro lograr las trufas”.
Apunta que un campo en El Bolsón es el único del país donde se hace trufa de verano; la de otoño se hace en esa localidad patagónica y en dos de Tucumán. La cosecha de las de invierno son las más extendidas porque permiten proveer cuando no hay en Europa.
En Italia, en Umbria, la trufa es un producto que genera actividad económica directamente relacionada con su producción, pero también en turismo y gastronomía, además de colaborar en el sostenimiento de pequeños pueblos. La familia de Doriana Filosi Moretti y su hijo Walter Moretti están vinculados con la actividad que, ella comenzó con su esposo en 1989 en Fabro (entre la Toscana y la Umbria), una de los 50 lugares de Italia donde la trufa es clave.
Indica que desde 1940 y 1950 se produce en la zona. “Económicamente, con la recolección y venta ha permitido a muchas familias mejorar su nivel de vida. La trufa se caracteriza por su olor, aroma y rareza. Cada temporada tiene una trufa diferente, de enero a mediados de abril está el ‘bianchetto’ o marzuolo que tiene un sabor ligeramente a ajo. Luego, desde junio hasta finales de agosto, la negra de verano ‘scorzone’, quizás la menos apreciada, pero es muy buena y la más barata”, indica. De octubre a diciembre está disponible la “preciosa trufa blanca”, es la “más rara de encontrar, la más aromática y la más cara”, detalla y agrega que en Umbría es la “más buscada”. En su empresa venden el tartufo fresco y también lo transforman “sin añadir químicos”.
Casos
En Córdoba, Gonzalo Renna, asesor agrónomo (trabaja con unas cinco empresas que hacen soja, maíz, trigo, garbanzo y alfalfa) y productor agropecuario, hace un año que trabaja con Masbeau: “Dos de mis clientes decidieron comenzar con una plantación de robles micorrizados, inoculados con un hongo en sus raíces, llamado melanosporun, buscando diversificar la producción con un proyecto que tuviera alta rentabilidad”.
Sostiene que tuvieron que adecuar el terreno, hacer un estudio de prefactibilidad para conocer los requerimientos de esos hongos subterráneos que crecen debajo del suelo en una relación simbiotica con las raíces de una especie de robles (quercus ilex) denominado encina. “Ese hongo requiere un ph del suelo alcalino, por lo tanto tuvimos que levantar el pH de suelo utilizando carbonato de calcio; también descompactamos el suelo con un subsolador para poder contar con un ambiente propicio para el crecimiento de los robles y de las trufas que se desarrollan en los primeros 50 centímetros de suelo”.
En uno de los dos proyectos instalaron un equipo de riego por goteo por si no alcanzan las lluvias. “Los plantines requieren mucho cuidado los primeros años hasta que se logran instalar -añade-. Realizamos trabajos de deamalezamiento, riegos y control de hormigas para que los árboles crezcan sin competencia. También importamos una máquina italiana para descompactar los primeros 20 centímetros de las truferas para crear un ambiente propicio. Es un trabajo de mucha paciencia ya que las primeras trufas crecerán recién al quinto año; la recompensa es alta, porque dependiendo de su tamaño y forma toman valores de entre 700 y 1200 euros el kilo”. Para la cosecha se utilizan perros adiestrados que reconocen la ubicación de las trufas y “muy cuidadosamente” las desentierran con una pala especialmente diseñada.
Lionel Masbou asesora a la mayoría de los productores que hacen trufas negras en la Argentina; el año pasado el precio de exportación fue de US$500 el kilo; hay una demanda internacional insatisfecha Read More