Las mejores piscinas naturales del nordeste de Brasil, para nadar entre peces de colores

En el nordeste de Brasil, frente a las costas de los estados de Pernambuco y Alagoas se levanta una barrera de 135 kilómetros de arrecifes de coral a tan solo 6 kilómetros de la playa. Se trata de una de las costas de coral más grandes del mundo y un imán poderoso para los amantes del snorkel.

Un buen plan es llegar a Recife, capital del estado de Pernambuco, y tomar el vuelo de regreso desde Maceió, capital de Alagoas, o al revés. Además de pasar un par de días en estas dos grandes ciudades, vale la pena recorrer con tiempo los 265 kilómetros entre una y otra, donde se van enhebrando pueblos y playitas para todos los gustos, entre ellos los dos más importantes, Porto de Galinhas y Maragogi, en Pernambuco y Alagoas respectivamente.

A menos de una hora de viaje de Recife está Porto de Galinhas, una de las playas más visitadas del nordeste. Su nombre tiene una historia triste: cuando la esclavitud fue abolida, los esclavos siguieron llegando a este puerto de contrabando. Los piratas decían traer un cargamento de “gallinas”. Hoy las gallinas están multiplicadas en artesanías y souvenires: llaveros, muñecos, imanes, manteles, bandejas y hasta en gallinas gigantes en la puerta de muchas locales.

 En el centro, superanimado, está la calle de los paraguas, donde cientos de pequeños paraguas de colores, –clásica postal pernambucana– forman un techo. Por esta calle se llega al faro, inaugurado en 2020. No es muy alto –14 metros– pero suficiente para tener una vista 360 de las piscinas, las jangadas (minicatamaranes con una sola vela) y las playas.

 Locales y turistas se mezclan en los bares para tomar agua de coco, tragos decorados y comer una langosta a la plancha recién sacada del agua.

Un paseo imprescindible es contratar una jangada en la orilla y llegar hasta las piscinas que están a pocos metros. Otra opción es llegar a pie y a nado, según el horario de la marea. A diferencia de Maragogi, donde algunos días del mes la marea hace imposible el paseo, en Porto siempre se puede ir hasta las piscinas a las que se accede desde las playas de Pontal de Maracaípe y Serrambi, que son menos conocidas, o desde las más concurridas del centro y de Pontal de Cupé.

El hábito que aumenta de peso aun haciendo ejercicio y comiendo bien

Muy cerca está Muro Alto, una playa de 3 kilómetros de longitud. Como anticipa su nombre, desde la orilla se ve un impresionante muro de roca paralelo a la orilla que forma un piletón de agua tibia más o menos profunda según la marea. El muro tiene varios metros de ancho por lo que, cuando baja la marea, es posible treparse y caminar por arriba, con el mar abierto a un lado y la piscina al otro, y ver escondidos erizos, cangrejos, caracoles y otros tesoros del mar. En Muro Alto están los resorts y restaurantes más románticos y sofisticados.

Maracaípe es una playa sin muro pero con buenas olas para surfear. A la noche, las tablas se guardan y empieza el relax de los bares, con jarras de caipirinha y música en vivo. Cincuenta kilómetros al sur llegamos a Carneiros, una playa extensa con una línea de cocoteros deslumbrantes. Hay unos pocos restaurantes y desde la orilla parten paseos en lancha que van hasta la iglesia de San Benito del siglo XVIII, una postal icónica de Pernambuco. La lancha también para en bancos de arena donde suele haber cangrejos tamaño XL y en la desembocadura del río Ariquindá para hacer un baño de arcilla.

Salidas en catamarán

La mejor manera de moverse entre una playa y otra es en buggy por la arena. A pocos kilómetros de Carneiros está Maragogi, ya en el estado de Alagoas, el Caribe brasileño a juzgar por sus aguas increíblemente turquesas. Con menos infraestructura que Porto, Maragogi cuenta con 22 kilómetros de playas abiertas, algunos resorts y posadas con buen diseño y restaurantes de playa que también ofrecen el paseo en catamarán a las Galés, la perla de esta costa de corales. Estas piscinas están a seis kilómetros de la orilla y se llega en media hora de navegación. En el trayecto los instructores explican que se trata de un área de preservación ambiental por lo que no están permitidas las patas de rana ni llevarse nada de recuerdo. Como si fuera un estacionamiento en medio del mar, los catamaranes se detienen uno junto a otro para que los turistas se echen al agua con máscaras y snorkel y sean parte por una hora de ese universo silencioso y lleno de vida.

Mientras los turistas se suben a los catamaranes para ir a las Galés, niños pequeños suelen vender bolsitas con bolinho de goma o también llamado sequilho, una especie de merengue con formas de conchas marinas. En este litoral existe un reporte diario que se consulta como a la Biblia: la tabla de mareas ya que es el mar quien dicta la actividad del día. Las playas de Porto de Galinhas se restringen a una franja angosta en el pico de la pleamar. Algunos días al mes, la bajamar ocurre de noche o al alba y ese día no hay paseo a las Galés en Maragogi.

Un experto en longevidad asegura haber reducido 15 años su edad biológica: cuál es su dieta

La playa siguiente es la de Japaratinga done es común ver familias enteras pescando: las mujeres sentadas en la orilla desenterrando moluscos y los hombres en el agua buscando pulpos y langostas. Japaratinga es una antigua colonia de pescadores con cinco playas de aguas tranquilas y arena blanca.

Y si bien el mar hipnotiza, la naturaleza aquí tiene más para dar. Cerca de Japaratinga, está Porto das Pedras y el río Tatuamunha donde se preserva un animal que está en peligro de extensión: el manatí, llamado aquí peixe-boi, del que solo quedan mil ejemplares en Brasil. Hay paseos guiados para conocer el poblado y después embarcarse en una sencilla jangada para remontar por poco más de media hora el río. Los jangaderos van explicando la importancia de los manglares para el ecosistema hasta que aparece este mamífero de agua dulce de 400 kilos y abraza con su aleta el borde del bote.

El punto final del viaje es Maceió, moderna capital de Alagoas, que combina 40 km de playas espectaculares con una gastronomía sofisticada. Una parada obligada es en Pontal da Barra, especialmente en la Rua das Rendeiras, donde las tejedoras de encaje elaboran vestidos, manteles y hamacas. También se puede comprar esta artesanía típica en el Centro de Artesanías de Maceió.

El atardecer invita a caminar por la avenida costanera donde entre palmeras, hay kioscos (palapas) para tomar agua de coco, jugos y el ya impuesto açai, la crema helada preparada con el fruto de una variedad de palmera amazónica a la que le atribuyen poderes energizantes, como el nordeste brasileño y su gente.

Datos útiles

Cuándo ir

El clima en el nordeste es apto para la playa todo el año. Sopla una suave brisa cálida por lo que no es sofocante.

Tabla de mareas

Es imprescindible consultarla para programar los paseos ya que las piscinas de Galés solo son accesibles durante la marea baja.

◗ La marea debe ser menor a 0,7 metros y ocurrir entre las 7 y las 17.

◗ El catamarán suele zarpar una hora y media antes del pico de la bajamar.

◗ En abril, por ejemplo, solo se podrá hacer el paseo 23 días de los 30 (no habrá salidas los días 5, 6, 7, 19, 20 ,21 y 22).

En el nordeste de Brasil, frente a las costas de los estados de Pernambuco y Alagoas se levanta una barrera de 135 kilómetros de arrecifes de coral a tan solo 6 kilómetros de la playa. Se trata de una de las costas de coral más grandes del mundo y un imán poderoso para los amantes del snorkel.

Un buen plan es llegar a Recife, capital del estado de Pernambuco, y tomar el vuelo de regreso desde Maceió, capital de Alagoas, o al revés. Además de pasar un par de días en estas dos grandes ciudades, vale la pena recorrer con tiempo los 265 kilómetros entre una y otra, donde se van enhebrando pueblos y playitas para todos los gustos, entre ellos los dos más importantes, Porto de Galinhas y Maragogi, en Pernambuco y Alagoas respectivamente.

A menos de una hora de viaje de Recife está Porto de Galinhas, una de las playas más visitadas del nordeste. Su nombre tiene una historia triste: cuando la esclavitud fue abolida, los esclavos siguieron llegando a este puerto de contrabando. Los piratas decían traer un cargamento de “gallinas”. Hoy las gallinas están multiplicadas en artesanías y souvenires: llaveros, muñecos, imanes, manteles, bandejas y hasta en gallinas gigantes en la puerta de muchas locales.

 En el centro, superanimado, está la calle de los paraguas, donde cientos de pequeños paraguas de colores, –clásica postal pernambucana– forman un techo. Por esta calle se llega al faro, inaugurado en 2020. No es muy alto –14 metros– pero suficiente para tener una vista 360 de las piscinas, las jangadas (minicatamaranes con una sola vela) y las playas.

 Locales y turistas se mezclan en los bares para tomar agua de coco, tragos decorados y comer una langosta a la plancha recién sacada del agua.

Un paseo imprescindible es contratar una jangada en la orilla y llegar hasta las piscinas que están a pocos metros. Otra opción es llegar a pie y a nado, según el horario de la marea. A diferencia de Maragogi, donde algunos días del mes la marea hace imposible el paseo, en Porto siempre se puede ir hasta las piscinas a las que se accede desde las playas de Pontal de Maracaípe y Serrambi, que son menos conocidas, o desde las más concurridas del centro y de Pontal de Cupé.

El hábito que aumenta de peso aun haciendo ejercicio y comiendo bien

Muy cerca está Muro Alto, una playa de 3 kilómetros de longitud. Como anticipa su nombre, desde la orilla se ve un impresionante muro de roca paralelo a la orilla que forma un piletón de agua tibia más o menos profunda según la marea. El muro tiene varios metros de ancho por lo que, cuando baja la marea, es posible treparse y caminar por arriba, con el mar abierto a un lado y la piscina al otro, y ver escondidos erizos, cangrejos, caracoles y otros tesoros del mar. En Muro Alto están los resorts y restaurantes más románticos y sofisticados.

Maracaípe es una playa sin muro pero con buenas olas para surfear. A la noche, las tablas se guardan y empieza el relax de los bares, con jarras de caipirinha y música en vivo. Cincuenta kilómetros al sur llegamos a Carneiros, una playa extensa con una línea de cocoteros deslumbrantes. Hay unos pocos restaurantes y desde la orilla parten paseos en lancha que van hasta la iglesia de San Benito del siglo XVIII, una postal icónica de Pernambuco. La lancha también para en bancos de arena donde suele haber cangrejos tamaño XL y en la desembocadura del río Ariquindá para hacer un baño de arcilla.

Salidas en catamarán

La mejor manera de moverse entre una playa y otra es en buggy por la arena. A pocos kilómetros de Carneiros está Maragogi, ya en el estado de Alagoas, el Caribe brasileño a juzgar por sus aguas increíblemente turquesas. Con menos infraestructura que Porto, Maragogi cuenta con 22 kilómetros de playas abiertas, algunos resorts y posadas con buen diseño y restaurantes de playa que también ofrecen el paseo en catamarán a las Galés, la perla de esta costa de corales. Estas piscinas están a seis kilómetros de la orilla y se llega en media hora de navegación. En el trayecto los instructores explican que se trata de un área de preservación ambiental por lo que no están permitidas las patas de rana ni llevarse nada de recuerdo. Como si fuera un estacionamiento en medio del mar, los catamaranes se detienen uno junto a otro para que los turistas se echen al agua con máscaras y snorkel y sean parte por una hora de ese universo silencioso y lleno de vida.

Mientras los turistas se suben a los catamaranes para ir a las Galés, niños pequeños suelen vender bolsitas con bolinho de goma o también llamado sequilho, una especie de merengue con formas de conchas marinas. En este litoral existe un reporte diario que se consulta como a la Biblia: la tabla de mareas ya que es el mar quien dicta la actividad del día. Las playas de Porto de Galinhas se restringen a una franja angosta en el pico de la pleamar. Algunos días al mes, la bajamar ocurre de noche o al alba y ese día no hay paseo a las Galés en Maragogi.

Un experto en longevidad asegura haber reducido 15 años su edad biológica: cuál es su dieta

La playa siguiente es la de Japaratinga done es común ver familias enteras pescando: las mujeres sentadas en la orilla desenterrando moluscos y los hombres en el agua buscando pulpos y langostas. Japaratinga es una antigua colonia de pescadores con cinco playas de aguas tranquilas y arena blanca.

Y si bien el mar hipnotiza, la naturaleza aquí tiene más para dar. Cerca de Japaratinga, está Porto das Pedras y el río Tatuamunha donde se preserva un animal que está en peligro de extensión: el manatí, llamado aquí peixe-boi, del que solo quedan mil ejemplares en Brasil. Hay paseos guiados para conocer el poblado y después embarcarse en una sencilla jangada para remontar por poco más de media hora el río. Los jangaderos van explicando la importancia de los manglares para el ecosistema hasta que aparece este mamífero de agua dulce de 400 kilos y abraza con su aleta el borde del bote.

El punto final del viaje es Maceió, moderna capital de Alagoas, que combina 40 km de playas espectaculares con una gastronomía sofisticada. Una parada obligada es en Pontal da Barra, especialmente en la Rua das Rendeiras, donde las tejedoras de encaje elaboran vestidos, manteles y hamacas. También se puede comprar esta artesanía típica en el Centro de Artesanías de Maceió.

El atardecer invita a caminar por la avenida costanera donde entre palmeras, hay kioscos (palapas) para tomar agua de coco, jugos y el ya impuesto açai, la crema helada preparada con el fruto de una variedad de palmera amazónica a la que le atribuyen poderes energizantes, como el nordeste brasileño y su gente.

Datos útiles

Cuándo ir

El clima en el nordeste es apto para la playa todo el año. Sopla una suave brisa cálida por lo que no es sofocante.

Tabla de mareas

Es imprescindible consultarla para programar los paseos ya que las piscinas de Galés solo son accesibles durante la marea baja.

◗ La marea debe ser menor a 0,7 metros y ocurrir entre las 7 y las 17.

◗ El catamarán suele zarpar una hora y media antes del pico de la bajamar.

◗ En abril, por ejemplo, solo se podrá hacer el paseo 23 días de los 30 (no habrá salidas los días 5, 6, 7, 19, 20 ,21 y 22).

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