Seis meses atrás, en un capítulo de una serie que es preferible contemplar con pañuelos en mano, el hombre de esta historia decía a carne viva: “¿Yo me puedo considerar afortunado o desgraciado? Yo me considero afortunado, muy afortunado. Mi hija Xana vino a vivir con nosotros nueve años maravillosos. Tenemos mil recuerdos de ella, videos, cosas increíbles…”. Luis Enrique, el hombre, el futbolista, el entrenador. Pero por sobre todo, el padre.
En agosto de 2019, Xana, la hija menor del técnico de PSG y su esposa, Elena Cullell, murió a causa de un osteosarcoma, un tipo de cáncer que afecta a los huesos y que perjudica especialmente a los niños. Por esta situación el entrenador dejó su cargo en la selección de España, que había quedado en manos de Robert Moreno, su ayudante.
Y continuó: “Mi madre no podía tener fotos de Xana. Hasta que llegué a casa y le dije ’¿por qué no hay ninguna foto de Xana, mamá?’ ‘No puedo, no puedo…’, decía. ‘Mamá, tienes que poner fotos de Xana, Xana está viva’, le contesté. En el plano físico no está, pero en el plano espiritual está. Porque cada día hablamos de ella, nos reímos y recordamos. Porque yo pienso que Xana todavía nos ve. ¿Cómo quiero que Xana piense que vivimos esto?”, contó Luis Enrique, en un conmovedor testimonio.
”¿Yo me puedo considerar afortunado o desgraciado? Yo me considero afortunado, muy afortunado. Mi hija Xana vino a vivir con nosotros 9 años maravillosos”. #LuisEnrique pic.twitter.com/rlb6pXCXnU
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) October 14, 2024
La vida sigue. La vida, para Luis Enrique, también es el fútbol. Suerte de ganador… de esa vida (si es que eso es posible), acaba de consagrarse con PSG en la liga francesa. Invicto, sin Leo Messi, Neymar y Mbappé, que ahora mismo vuelven al presente. Los jugadores lo arrojan al aire: allí debería quedarse por un largo rato, pero vuelve al césped, a la tierra, donde no para de ganar, con un estilo audaz y desfachatado.
Ahora mismo: campeón invicto de la Ligue 1, con 80 goles en 28 partidos en el certamen. 23 triunfos, 5 empates. En cuartos de final de Champions, luego de barrer a Liverpool. En la final de la Copa de Francia. Perdió apenas uno de los últimos 29 partidos. No cae como visitante por la liga desde hace 38 cotejos.
En su foja de servicios: campeón de la Champions, del Mundial de Clubes, de la Supercopa de Europa, de la Liga de España (dos), de la Copa del Rey (3), de la Supercopa de España, todo con Barcelona. Campeón de la Supercopa en Francia, el título de ahora, el de la temporada pasada. Y los que vendrán…
“Esta temporada fue la mejor por la capacidad para dar vuelta los partidos, hemos atravesado situaciones delicadas en Champions y el equipo ha dado muestras de madurez”, insistió un Luis Enrique que se mostró feliz porque sus jugadores “atacan y defienden”. Todo un mensaje…
“Mi felicidad está en relación con la implicación que veo en el club, el perfil de los jugadores fichados, los recursos del club, tratamos de trabajar de la mejor manera. Ganar un campeonato a comienzos de abril, significa que el equipo está a un gran nivel”…”, grafica el técnico, que logra su segunda Ligue 1 en dos temporadas en Francia. El 13° título local de PSG.
Ahora tiene el reto, al mando del gigante de la capital, de coronarse por primera vez en Europa. ¡Qué rápido que se olvida todo! En el tramo final de 2024 el entrenador llegó a verse cuestionado, especialmente por una marcha errática en la fase de liguilla de la Champions, que finalmente pudo corregir a tiempo.
¡TODOS JUNTOS! 🔥 pic.twitter.com/Zr2hutf352
— Paris Saint-Germain (@PSG_espanol) April 5, 2025
Superado aquel susto europeo, la fórmula del asturiano está funcionando y el PSG sigue aspirando a todo ya que además está clasificado para la final de la Copa de Francia, que disputará el 24 de mayo ante el modesto Reims.
En la Ligue 1, tras ganarle por 1-0 al Angers, se aseguró el título aún cuando quedan seis jornadas para el final. Desde que llegó a París en julio de 2023, Luis Enrique, un fanático del pizarrón, solo perdió dos partidos en competiciones nacionales en Francia, ambos la pasada temporada.
Pero no toda la temporada 2024-2025 fue un paseo triunfal para Luis Enrique, que entre octubre y diciembre se vio rodeado de críticas durísimas, que hicieron que se especulara sobre su futuro. Uno de los conflictos más sonados fue con el atacante Ousmane Dembélé, al que llegó a sancionar a finales de septiembre por un retraso en un entrenamiento y detectar “falta de compromiso”. Como Fernando Gago en Boca, sin ir más lejos.
Una fuente cercana al club admitió entonces a la agencia AFP que el fuerte carácter del entrenador podía generar tensiones con varios jugadores. “Como él ha dicho, no somos hermanos y no es mi padre. No somos ‘bros’ (diminutivo del término inglés ‘brother’, hermano). Es una relación de entrenador y jugador”, llegó a decir Dembelé, marcando distancias.
Pero lo cierto es que de aquel momento delicado se pasó a un Dembelé imperial, líder y goleador que el PSG necesitaba después de la marcha de Kylian Mbappé, encabezando la tabla de máximos anotadores con 21 gritos, apenas uno de penal.
Pero esa crisis con Dembelé, y con otros jugadores según los rumores de octubre, no fue nada en comparación a la presión a la que se vio sometido cuando en la liguilla de la Champions quedó en una situación delicadísima después de la quinta jornada, con un balance de un triunfo, un empate y tres derrotas.
“Yo soy el responsable”, proclamó Luis Enrique después de la derrota ante el Atlético de Madrid en el Parque de los Príncipes. En ese noviembre, parecía que el Titanic futbolero iba a hundirse. Así es el fútbol: el Atlético del Cholo Simeone y los campeones del mundo viven ahora la otra realidad, eliminados del principal torneo europeo, de la Copa del Rey y a a remolque en la liga española.
¡Otro título de campeón! ❤️💙 pic.twitter.com/FjuEqlUvun
— Paris Saint-Germain (@PSG_espanol) April 5, 2025
Fuentes cercanas al club hablaban entonces de un ambiente tenso en el seno del club y aunque el presidente Nasser Al Khelaifi siempre apoyaba públicamente al técnico, uno de sus colaboradores admitía las “turbulencias”.
Tres victorias en las tres últimas jornadas (Salzburgo, Manchester City, Stuttgart) le permitieron al PSG evitar un desastre sin precedentes desde la llegada en 2011 de los cataríes y permitió al equipo llegar a un play-off en el que arrolló al Brest, antes de sorprender al Liverpool en los penales de los octavos de final, en el mítico Anfield.
El Aston Villa de Dibu Martínez, que este miércoles visita París en la ida de los cuartos de final, es ahora el siguiente obstáculo.
En la Ligue 1, donde al PSG le quedan seis partidos, el aliciente será ya únicamente saber cuántos récords puede batir el equipo y, sobre todo, si se convierte en el primero de la historia en terminar la temporada sin perder, algo inédito. Luis Enrique, el hombre que cicatriza sus heridas con el balón, lo cree posible.
Seis meses atrás, en un capítulo de una serie que es preferible contemplar con pañuelos en mano, el hombre de esta historia decía a carne viva: “¿Yo me puedo considerar afortunado o desgraciado? Yo me considero afortunado, muy afortunado. Mi hija Xana vino a vivir con nosotros nueve años maravillosos. Tenemos mil recuerdos de ella, videos, cosas increíbles…”. Luis Enrique, el hombre, el futbolista, el entrenador. Pero por sobre todo, el padre.
En agosto de 2019, Xana, la hija menor del técnico de PSG y su esposa, Elena Cullell, murió a causa de un osteosarcoma, un tipo de cáncer que afecta a los huesos y que perjudica especialmente a los niños. Por esta situación el entrenador dejó su cargo en la selección de España, que había quedado en manos de Robert Moreno, su ayudante.
Y continuó: “Mi madre no podía tener fotos de Xana. Hasta que llegué a casa y le dije ’¿por qué no hay ninguna foto de Xana, mamá?’ ‘No puedo, no puedo…’, decía. ‘Mamá, tienes que poner fotos de Xana, Xana está viva’, le contesté. En el plano físico no está, pero en el plano espiritual está. Porque cada día hablamos de ella, nos reímos y recordamos. Porque yo pienso que Xana todavía nos ve. ¿Cómo quiero que Xana piense que vivimos esto?”, contó Luis Enrique, en un conmovedor testimonio.
”¿Yo me puedo considerar afortunado o desgraciado? Yo me considero afortunado, muy afortunado. Mi hija Xana vino a vivir con nosotros 9 años maravillosos”. #LuisEnrique pic.twitter.com/rlb6pXCXnU
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La vida sigue. La vida, para Luis Enrique, también es el fútbol. Suerte de ganador… de esa vida (si es que eso es posible), acaba de consagrarse con PSG en la liga francesa. Invicto, sin Leo Messi, Neymar y Mbappé, que ahora mismo vuelven al presente. Los jugadores lo arrojan al aire: allí debería quedarse por un largo rato, pero vuelve al césped, a la tierra, donde no para de ganar, con un estilo audaz y desfachatado.
Ahora mismo: campeón invicto de la Ligue 1, con 80 goles en 28 partidos en el certamen. 23 triunfos, 5 empates. En cuartos de final de Champions, luego de barrer a Liverpool. En la final de la Copa de Francia. Perdió apenas uno de los últimos 29 partidos. No cae como visitante por la liga desde hace 38 cotejos.
En su foja de servicios: campeón de la Champions, del Mundial de Clubes, de la Supercopa de Europa, de la Liga de España (dos), de la Copa del Rey (3), de la Supercopa de España, todo con Barcelona. Campeón de la Supercopa en Francia, el título de ahora, el de la temporada pasada. Y los que vendrán…
“Esta temporada fue la mejor por la capacidad para dar vuelta los partidos, hemos atravesado situaciones delicadas en Champions y el equipo ha dado muestras de madurez”, insistió un Luis Enrique que se mostró feliz porque sus jugadores “atacan y defienden”. Todo un mensaje…
“Mi felicidad está en relación con la implicación que veo en el club, el perfil de los jugadores fichados, los recursos del club, tratamos de trabajar de la mejor manera. Ganar un campeonato a comienzos de abril, significa que el equipo está a un gran nivel”…”, grafica el técnico, que logra su segunda Ligue 1 en dos temporadas en Francia. El 13° título local de PSG.
Ahora tiene el reto, al mando del gigante de la capital, de coronarse por primera vez en Europa. ¡Qué rápido que se olvida todo! En el tramo final de 2024 el entrenador llegó a verse cuestionado, especialmente por una marcha errática en la fase de liguilla de la Champions, que finalmente pudo corregir a tiempo.
¡TODOS JUNTOS! 🔥 pic.twitter.com/Zr2hutf352
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Superado aquel susto europeo, la fórmula del asturiano está funcionando y el PSG sigue aspirando a todo ya que además está clasificado para la final de la Copa de Francia, que disputará el 24 de mayo ante el modesto Reims.
En la Ligue 1, tras ganarle por 1-0 al Angers, se aseguró el título aún cuando quedan seis jornadas para el final. Desde que llegó a París en julio de 2023, Luis Enrique, un fanático del pizarrón, solo perdió dos partidos en competiciones nacionales en Francia, ambos la pasada temporada.
Pero no toda la temporada 2024-2025 fue un paseo triunfal para Luis Enrique, que entre octubre y diciembre se vio rodeado de críticas durísimas, que hicieron que se especulara sobre su futuro. Uno de los conflictos más sonados fue con el atacante Ousmane Dembélé, al que llegó a sancionar a finales de septiembre por un retraso en un entrenamiento y detectar “falta de compromiso”. Como Fernando Gago en Boca, sin ir más lejos.
Una fuente cercana al club admitió entonces a la agencia AFP que el fuerte carácter del entrenador podía generar tensiones con varios jugadores. “Como él ha dicho, no somos hermanos y no es mi padre. No somos ‘bros’ (diminutivo del término inglés ‘brother’, hermano). Es una relación de entrenador y jugador”, llegó a decir Dembelé, marcando distancias.
Pero lo cierto es que de aquel momento delicado se pasó a un Dembelé imperial, líder y goleador que el PSG necesitaba después de la marcha de Kylian Mbappé, encabezando la tabla de máximos anotadores con 21 gritos, apenas uno de penal.
Pero esa crisis con Dembelé, y con otros jugadores según los rumores de octubre, no fue nada en comparación a la presión a la que se vio sometido cuando en la liguilla de la Champions quedó en una situación delicadísima después de la quinta jornada, con un balance de un triunfo, un empate y tres derrotas.
“Yo soy el responsable”, proclamó Luis Enrique después de la derrota ante el Atlético de Madrid en el Parque de los Príncipes. En ese noviembre, parecía que el Titanic futbolero iba a hundirse. Así es el fútbol: el Atlético del Cholo Simeone y los campeones del mundo viven ahora la otra realidad, eliminados del principal torneo europeo, de la Copa del Rey y a a remolque en la liga española.
¡Otro título de campeón! ❤️💙 pic.twitter.com/FjuEqlUvun
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Fuentes cercanas al club hablaban entonces de un ambiente tenso en el seno del club y aunque el presidente Nasser Al Khelaifi siempre apoyaba públicamente al técnico, uno de sus colaboradores admitía las “turbulencias”.
Tres victorias en las tres últimas jornadas (Salzburgo, Manchester City, Stuttgart) le permitieron al PSG evitar un desastre sin precedentes desde la llegada en 2011 de los cataríes y permitió al equipo llegar a un play-off en el que arrolló al Brest, antes de sorprender al Liverpool en los penales de los octavos de final, en el mítico Anfield.
El Aston Villa de Dibu Martínez, que este miércoles visita París en la ida de los cuartos de final, es ahora el siguiente obstáculo.
En la Ligue 1, donde al PSG le quedan seis partidos, el aliciente será ya únicamente saber cuántos récords puede batir el equipo y, sobre todo, si se convierte en el primero de la historia en terminar la temporada sin perder, algo inédito. Luis Enrique, el hombre que cicatriza sus heridas con el balón, lo cree posible.
El volcánico entrenador español colecciona trofeos y sigue adelante, después del drama que marcó su vida Read More